La tarde del día once llegó lentamente dentro de aquella enorme sala de simulación.
Al principio, Erika no había dicho nada.
Había pasado varios minutos simplemente caminando por el espacio, observando cada detalle con la misma atención meticulosa que había desarrollado durante su cautiverio.
La sala era inmensa.
Mucho más grande que cualquier otra parte del laboratorio que hubiera visto hasta ahora.
Las paredes eran altas, casi industriales, con paneles metálicos intercalados con superficies l