La mañana llegó sin aviso, como si el tiempo hubiera decidido avanzar sin consultar a nadie.Dentro de la habitación, todo seguía igual en apariencia: la misma luz blanca, la misma disposición exacta de los objetos, el mismo silencio contenido que parecía filtrarse desde las paredes. Pero para Erika, nada estaba en el mismo lugar. No realmente.Había algo distinto en su forma de percibir el espacio.No era el entorno.Era ella.Después de la conversación con Damián por la mañana, algo había quedado suspendido en el aire, como una frase a medio decir que ninguno de los dos había querido completar. Y ese “algo” no se había disipado con el paso de las horas. Al contrario, parecía haberse asentado, más denso, más presente.Erika caminaba despacio de un lado a otro de la habitación, con los brazos cruzados y la mirada fija en un punto indefinido del suelo. No estaba inquieta en el sentido habitual. Sus movimientos no eran erráticos. Eran medidos, casi metódicos. Pero detrás de esa calma ha
Leer más