El día once comenzó antes de lo habitual.
Erika despertó sobresaltada.
No fue un grito.
Ni un movimiento brusco.
Fue más bien una respiración profunda que la arrancó del sueño como si su mente hubiera decidido sacarla de él de forma abrupta.
Sus ojos se abrieron lentamente mientras la habitación blanca volvía a definirse a su alrededor.
El techo.
Las paredes.
La ventana pequeña.
Todo estaba exactamente igual que siempre.
Pero algo en su pecho latía más rápido de lo normal.
Se incorporó lentamen