El Inquisidor cayó de rodillas, con la máscara de oro fundida goteando sobre el mármol como lágrimas de metal. Bajo la armadura, el rostro del hombre era pálido, surcado por venas plateadas que delataban su dependencia a la magia del Consejo. Jadeaba, pero en lugar de súplica, una risa seca y distorsionada escapó de su garganta.—Crees que has ganado, Jackson... —tosió, escupiendo una sustancia brillante—. Crees que recuperar tu linaje te hace invencible. Pero el Consejo siempre tiene un plan de contingencia para las malas hierbas.—Cállate —siseé, apretando mis garras contra su cuello. La oscuridad dorada que me rodeaba vibraba con un hambre asesina.—¿Dónde está tu hermano, Selene? —preguntó él, y el tono de su voz hizo que mi sangre se congelara más que el hielo del Inquisidor.Me tensé.—Está a salvo con Arkan. Lejos de tus manos manchadas de luz.—¿Arkan? ¿El viejo general amargado? —el Inquisidor levantó la vista, y vi una chispa de maldad pura en sus ojos—. Arkan es un hombre d
Ler mais