La mañana siguiente, Sofía se despertó en una habitación nueva —grande, con paredes de color crema, una cama doble con mantas suaves y una ventana que daba al jardín de rosas negras. No le costó acordarse de lo que había pasado: la traición de Martín y Camila, la propuesta de Diego, su decisión de casarse para vengarse. Se levantó, se miró al espejo y vio a una mujer diferente —no la misma Sofía crédula y llena de amor, sino una mujer con los ojos llenos de determinación.Jorge, el conductor, le llevó desayuno a la habitación: pan fresco, queso, frutas y café caliente.—Don Diego le espera en la oficina de la mansión —dijo—. Quiere hablarle de los preparativos de la boda y del proyecto.Sofía se vistió con una blusa de color azul oscuro y un pantalón largo, se peinó y bajó. La oficina de Diego estaba en el primer piso, con estanterías llenas de libros sobre moda y negocios, y una mesa grande con un ordenador y papeles. Diego estaba ahí, mirando un plano de la empresa.—Buenos días, So
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