Pasaron cinco años más. Martina tenía diecisiete años y estaba a punto de graduarse de la escuela secundaria. Había sido la mejor de su clase, y tenía una beca para estudiar pedagogía en la universidad. Yo tenía 37 años y tenía cuatro sucursales de café en Asunción. La vida iba mejor que nunca.
El día de la graduación, estábamos en el auditorio de la escuela. Martina llevaba un vestido azul cielo, pelo arreglado y sonrisa grande. Cuando le llamaron para recibir su diploma, todos aplaudieron. El