ConanDespués de ducharme y quitarme de encima el rastro de la celda, me sentía un poco más yo mismo, aunque el dolor de cabeza seguía ahí, recordándome mi debilidad. Me vestí rápido, sintiendo una urgencia que me quemaba el pecho. No podía esperar ni un segundo más.Al llegar frente a la puerta de nuestra habitación, me detuve un momento para tomar aire. Mi corazón latía con tanta fuerza que pensé que despertaría a quien estuviera adentro.Apoyé la mano en el pomo de la puerta, dudando por un instante. ¿Cómo me miraría Gaia después de haberme visto perder la razón? Pero el olor de ella, mezclado con un aroma nuevo, dulce y suave, me dio el valor que necesitaba.Empujé la puerta lentamente, sin hacer ruido. La habitación estaba en calma, bañada por la luz de la tarde. Allí, en nuestra cama, estaba Gaia profundamente dormida. Se veía agotada, con unas ligeras sombras bajo los ojos, pero se veía tan hermosa como siempre.En sus brazos, pegada a
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