Conan
Después de ducharme y quitarme de encima el rastro de la celda, me sentía un poco más yo mismo, aunque el dolor de cabeza seguía ahí, recordándome mi debilidad. Me vestí rápido, sintiendo una urgencia que me quemaba el pecho. No podía esperar ni un segundo más.
Al llegar frente a la puerta de nuestra habitación, me detuve un momento para tomar aire. Mi corazón latía con tanta fuerza que pensé que despertaría a quien estuviera adentro.
Apoyé la mano en el pomo