Gaia
El silencio que se formó entre los tres era insoportable. Conan dio un paso al frente y su sola presencia hizo que el aire se volviera pesado. Por la forma en que sus ojos echaban chispas y la rigidez de sus hombros, me di cuenta de inmediato: había escuchado todo. Había escuchado la confesión del Alfa de Freya, palabra por palabra.
—Parece que el Alfa de la manada Freya ha olvidado sus modales —soltó Conan con una voz cargada de una furia que intentaba contener, pero que se le escapaba