Gaia
Cerré mis ojos imaginando el primer golpe que daría, pero nunca llegó. Lo que oí fue un rugido totalmente salvaje que retumbó en el eco del bosque, seguido de un golpe seco y huesos quebrándose en batalla. Al abrir los ojos vi dos enormes bestias luchando a muerte, el olor a hierro de la sangre inundaba la habitación, pero apesar de eso un olor conocido hizo nublar mis sentidos.
Tardé un poco de tiempo para volver a la realidad, tal vez por los golpes o por la hemorragia que estaba sufr