Gaia
Dos años después
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Dos años han pasado desde que la guerra con los Drekus se convirtió en un recuerdo amargo y el tratado de paz se firmó con sangre y promesas. En este tiempo, mi mundo se redujo a la calidez de unos brazos y al sonido de unos pasos pequeños que ahora corren por toda la casa
—¡Mamá, mira mi flor! —exclamó Rhea, llegando hasta mí a tropezones.
Me mostró una pequeña margarita aplastada con un orgullo que le iluminaba la cara. Sus ojos azules, idénticos a los míos, brillaban con esa curiosidad insaciable de quien está descubriendo el mundo. A sus dos años, Rhea ya mostraba una personalidad vibrante; era el recordatorio viviente de que el Caos y la sangre Drekorys podían crear vida en lugar de solo cenizas.
Me agaché para quedar a su altura y ella me entregó su tesoro, dándome un beso húmedo en la mejilla que me llenó el alma.
—Para ti, mamá —dijo con esa vocecita suave, esforzándose por pronunciar cada letra.
—¡Woow! ¡Es hermosa! Muchas gracias mi solecito — exclam