Gaia
Dos años después
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Dos años han pasado desde que la guerra con los Drekus se convirtió en un recuerdo amargo y el tratado de paz se firmó con sangre y promesas. En este tiempo, mi mundo se redujo a la calidez de unos brazos y al sonido de unos pasos pequeños que ahora corren por toda la casa
—¡Mamá, mira mi flor! —exclamó Rhea, llegando hasta mí a tropezones.
Me mostró una pequeña margarita aplastada con un orgullo que le iluminaba la cara. Sus ojos azules, idénticos a los míos, brillaban