Capitulo 39

Gaia

Llegué a casa con el corazón todavía acelerado. El silencio de las paredes me dio un respiro momentáneo mientras acostaba a Rhea en su cuna. Mika se despidió con una mirada preocupada, sabiendo que la tormenta no tardaría en llegar.

Me dirigí a nuestra habitación y, al entrar, mi corazón se detuvo por la impresión de verlo parado al pie de la ventana. Entré como si no me importara su presencia y caminé hacia el tocador para comenzar a quitarme la joyería de encima; su presencia llenaba todo el espacio y el olor a bosque y furia que emanaba de él era casi asfixiante.

—¿Qué fue eso, Gaia? —soltó sin preámbulos. Su voz era un rugido contenido que cortaba el aire.

—No lo sé —solté un suspiro y respondí con voz tranquila y sincera.

Al darme la vuelta para observarlo, su mirada penetrante me erizó los vellos de la piel.

—Lo vi todo desde la tarima —habló con una voz firme pero cargada de una furia contenida—. Vi cómo ese Alfa te t
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