Entonces apareció Armyn, emergiendo entre el humo, la tierra removida y los restos humeantes del combate, acompañado por un destacamento del ejército que había logrado reagruparse tras la confusión.Sus pasos eran firmes, cada pisada resonando como un golpe seco sobre el suelo agrietado, pero en su mirada se leía la urgencia y la preocupación. Había vivido muchas batallas, pero algo en aquella escena lo hizo tensarse como nunca antes.—Alfa Elegido, debemos retirarnos ahora —dijo con voz firme, autoritaria, pero sus ojos se desviaron un instante hacia Mahina, evaluando su estado—. No podemos dejar que el enemigo nos alcance de nuevo.La bestia permanecía inmóvil, ajena a las órdenes, a los gritos y al caos que la rodeaba.Su cuerpo estaba inclinado hacia adelante, cada músculo tenso, como si hubiera olvidado respirar, concentrada únicamente en Mahina.Sus ojos, de un brillo antinatural y penetrante, parecían atravesarla hasta el alma. No había rabia en ellos, ni furia; era algo mucho
Leer más