Aurora se apartó de la ventana, dejando que la cortina cayera y sumergiera la habitación en una penumbra cómplice. Se miró en el espejo del tocador, pero no buscó su reflejo, sino la determinación en sus propios ojos. Había entendido la lección más amarga de su vida: en este mundo, el afecto es una transacción. Si no ganas, si no triunfas, si no demuestras que puedes ser más fuerte y útil que los demás, nadie te querrá a su lado. Ni su abuelo, ni Adeline, ni siquiera Valentino.Tenía que ser indispensable. Tenía que ser la pieza que completara el rompecabezas de los Lombardi, o de lo contrario, terminaría siendo un desecho más en la historia de la familia.—Por las buenas o por las malas —susurró, y su voz no tembló esta vez—. Pero primero, el secreto.Antes de dar el golpe final contra Adeline, antes de cumplir la sentencia de muerte que Valentino había dictado, Aurora sabía que necesitaba una garantía. La caja fuerte por la que Ethan había perdido la cordura y la vida seguía allí, e
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