Aurora se apartó de la ventana, dejando que la cortina cayera y sumergiera la habitación en una penumbra cómplice. Se miró en el espejo del tocador, pero no buscó su reflejo, sino la determinación en sus propios ojos. Había entendido la lección más amarga de su vida: en este mundo, el afecto es una transacción. Si no ganas, si no triunfas, si no demuestras que puedes ser más fuerte y útil que los demás, nadie te querrá a su lado. Ni su abuelo, ni Adeline, ni siquiera Valentino.
Tenía que ser in