El trayecto a casa fue una tortura de la que no estaba segura si quería escapar.Nicolás, fiel a su naturaleza impulsiva y obsesiva no se quedó quieto en el asiento trasero.Durante casi todo el camino sus manos buscaron el contacto con una urgencia que me cortaba la respiración. Sus dedos se deslizaban por mi cuello, rozando la piel sensible detrás de mi oreja para luego bajar con una lentitud desesperante por mis hombros y...— Concéntrate en el camino, Freya — susurraba cerca de mi nuca, mientras sentía el calor de su palma presionando contra mi muslo, subiendo apenas unos centímetros por debajo del borde de mi uniforme que empezaba a sentirse caluroso.— ¡Nicolás, detente! — jadeé, apretando el volante con tanta fuerza que mis nudillos se pusieron blancos — Vas... Vas a hacer que choquemos.Él solo soltó una risa ronca, esa vibración que parecía viajar desde su mano hasta mi espina dorsal.Su tacto era posesivo, eléctrico y cada vez que sus dedos rozaban la piel descubierta de mis
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