La oscuridad no le molestaba.Nunca lo había hecho.De hecho, la prefería.El lugar donde estaba Eli carecía de ventanas. Solo una luz tenue caía desde el techo, suficiente para iluminar lo necesario y dejar el resto en sombras.Control.Siempre se trataba de eso.Frente a él, la pantalla mostraba imágenes y videos cortos enviados por sus hombres.No tenía acceso directo a toda la casa.Nunca lo había tenido.Pero contaba con ojos y oídos dentro.Siempre los suficientes.Eli se recostó en la silla y observó sin prisa.Un video corto mostraba un pasillo.Dos hombres armados.Un cambio de turno.—Predecibles —murmuró con voz plana.Sus dedos permanecieron inmóviles sobre el brazo de la silla.Otro video llegó.Stephanie, sentada en la cama con los hombros tensos.Miraba hacia la puerta como si esperara que algo saliera de ahí.Eli se inclinó ligeramente hacia adelante.La observó en silencio.Cada pequeño gesto. Su pecho subía y bajaba, respiración irregular.Cada parpadeo más lento de
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