90. Lo que prende solo
Al día siguiente, la fiscalía pidió detención domiciliaria para Damián Valera. No cárcel, no esposas, no la imagen que muchos soñaban. Domiciliaria. Una palabra tibia para un daño caliente. Igual, fue algo. Iñaki, su hermano mayor, fue citado otra vez, esta vez sin margen para excusas. Las acciones de “Luz Norte” amanecieron en rojo, un rojo que los noticieros explicaban con voz de mercado nervioso. Yo miré pasar esos números como se mira llover: sé que importan para otros, pero no dicen lo que necesito saber. A mí me importaba otra cosa: que el país, por fin, estuviera mirando. No bostezando. No desviando la cara. Mirando. La plaza pidió una última noche. No como cierre, sino como respiración compartida. Lara llegó con su saco recto y los hombros cansados, pero la cabeza en alto. El maestro apareció con su radio como si fuera una extensión del cuerpo. Vera trajo baterías, cables, y esa calma peligrosa de quien sabe que el archivo ya no depende de una sola persona. Rocío llegó con un
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