85. El precio de los nombres
Lara pidió declarar formalmente con un fiscal que no deba favores. No lo dijo así, pero todos entendimos. Lo consiguió después de insistir, de esperar en pasillos que huelen a café frío y papeles viejos, de repetir su nombre como si fuera una contraseña. Entró acompañada por el maestro y por un abogado joven que parecía creer. No en la justicia abstracta, sino en las personas. Eso alcanza a veces.
La esperamos sentados en un banco de madera que conoció mejores días. Yo contaba las baldosas del