84. Todo plan necesita una casa
De noche, pudimos volver al pueblo. El hospital nos dejó ir con advertencias razonables, recetas escritas con letra apurada y sueros de repuesto “por las dudas”. Nadie dijo en voz alta que quedarse también podía ser peligroso. A veces, el silencio médico es una forma elegante de valentía.
La casa del maestro ya no era solo una casa. Era bunker y plaza, comedor y archivo, radio abierta y cuarto de guardia. Tenía ese clima de lugares que ya decidieron no retroceder. Entramos despacio, como si el