87. Manual de tormentas
Esa noche, tormenta de verdad. No esas lluvias que prometen y se van, sino una de las que se quedan a explicar algo. Rayos que escribían frases torcidas en el cielo, truenos que parecían cadenas rompiéndose con método. El viento empujaba los árboles contra la casa del maestro como si quisiera entrar a escuchar. Él miró por la ventana con una sonrisa de oficio antiguo.
—Me gustan las noches sinceras —dijo—. No se esconden.
Nos quedamos ahí, sin discutirlo. Sopa caliente, pan partido a mano, la