El ambiente en el salón cambió de forma instantánea. La furia del cliente se evaporó, reemplazada por un terror pálido al reconocer el rostro de quien lo tenía inmovilizado contra el mantel.— Señor... yo... no sabía... — balbuceó el hombre, con la voz entrecortada mientras intentaba zafarse del agarre de Theodore — Por favor, disculpe, fue un arranque de ira... no me vete, este es el lugar donde cierro todos mis negocios. ¡Le pido mil disculpas!Theodore lo soltó con asco, como si se estuviera sacudiendo basura de las manos y le hizo una seña casi imperceptible a los guardias de seguridad, quienes aparecieron de la nada para escoltar al sujeto fuera del lugar.Mientras tanto, el capitán de meseros, que hasta hace un segundo no se había atrevido a intervenir, tomó a Eva bruscamente del brazo y la arrastró hacia un lado de la escena... Su rostro estaba desencajado, sudando frío.— ¡Muchacha, por todos los santos! — le susurró con una mezcla de regaño y alivio — No sé qué ángel te cuida
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