— ¿Cómo...? — empezó a decir, pero su voz se quebró.— Te lo advertí, Eva — continuó Ulises, y esta vez se escuchó el sonido de pasos acercándose a la puerta desde el otro lado — Te dije que en esta ciudad no hay sombras donde puedas esconderte de mí. Me mentiste sobre él.El cerrojo electrónico de la puerta emitió un pitido agudo y la madera pesada se abrió lentamente. Ulises estaba allí, recortado contra la luz del pasillo, con las manos en los bolsillos y una mirada que atravesaba a Eva como si fuera de cristal.— Ahora — dijo él, dando un paso hacia el interior de la habitación — vas a contarme cada detalle de lo que Theodore Mendieta cree que sabe sobre ti. Porque si él sabe que eres una Rivera, entonces él es una amenaza que debo eliminar esta misma noche.Eva sintió que el corazón le daba un vuelco, pero se obligó a mantener la barbilla en alto. Sabía que si Ulises detectaba una pizca de duda, Theodore estaría muerto antes del amanecer.— Él no sabe nada, Ulises — dijo ella, fo
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