El teléfono sonó una, dos, tres veces.Con cada tono que se perdía en el vacío, la determinación de Luciana vacilaba un milímetro. El silencio al otro lado de la línea se sentía como un juicio. Tal vez Ethan seguía dormido, sumergido en la inconsciencia para escapar del dolor. O tal vez, al ver su nombre parpadeando en la pantalla, había decidido que su dignidad valía más que escucharla de nuevo.Después de todo, ella había sido clara anoche. Brutalmente clara.Me voy a casar con Stefan. Es mejor que no volvamos a hablar.Al sexto tono, justo cuando su dedo rozaba el botón rojo para colgar y rendirse, la línea se abrió.—¿Luciana?La voz de Ethan sonaba como si hubiera estado tragando vidrio molido. Ronca, quebrada, impregnada de una noche de insomnio, whisky barato y desesperación. El corazón de Luciana se contrajo dolorosamente, una mezcla de culpa ácida y rabia volcánica.Esto era obra de Stefan. No solo la había manipulado a ella; había destrozado a un hombre bueno, había dinamitad
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