Chloe y Lilly irrumpieron en el estudio como un torbellino de realidad en medio de la parálisis de Luciana. El eco de sus pasos contra el roble pulido rompió el silencio denso que se había instalado en la habitación desde la reunión con Richard.
—¡Lu! —Chloe prácticamente se lanzó hacia ella, envolviéndola en un abrazo tan protector que Luciana perdió el equilibrio por un segundo—. Por Dios, estás pálida. ¿Has comido algo hoy?
Luciana se apartó con suavidad, dejándose caer en el sillón de cuero