El teléfono sonó una, dos, tres veces.
Con cada tono que se perdía en el vacío, la determinación de Luciana vacilaba un milímetro. El silencio al otro lado de la línea se sentía como un juicio. Tal vez Ethan seguía dormido, sumergido en la inconsciencia para escapar del dolor. O tal vez, al ver su nombre parpadeando en la pantalla, había decidido que su dignidad valía más que escucharla de nuevo.
Después de todo, ella había sido clara anoche. Brutalmente clara.
Me voy a casar con Stefan. Es mejo