Miércoles, 11:47 PM. Apartamento de Stefan Vanderbilt.
Stefan permanecía inmóvil en su sofá de cuero italiano, con un vaso de whisky en la mano que no había tocado en la última hora. Su teléfono descansaba sobre la mesa de centro, iluminándose intermitentemente con notificaciones que él ignoraba sistemáticamente, hasta que vio el nombre que había estado esperando: Liam.
Tomó el aparato y contestó. Su voz sonó más ronca y cansada de lo que pretendía.
—Liam.
—Stefan. —La voz de su mano derecha