Cap. 6 Cálmate
En un intento desesperado por recomponer los pedazos de su cordura, Alba se aferró a los agravios, dejando que el rencor le diera una fuerza que el miedo le había arrebatado. El recuerdo de aquellos días, de las humillaciones durante su embarazo, fue un bálsamo venenoso que selló su determinación.
—No... —dijo, y su voz ya no temblaba, sino que resonaba con una frialdad cortante.
—Alicia es mía. Solo mía. ¿O ya no recuerdas lo que predicaba tu adorada Celeste? ¿Y tú, que le creías cada palabra?