Amanda se arqueó bajo él, y el gemido que escapó de sus labios fue una mezcla exquisita de dolor y placer puro, susurrando su nombre entre jadeos, mientras sus uñas se clavaban suavemente en su espalda. Dolía, sí, pero llegaba tan profundo, tocando lugares que la hacían temblar de sensaciones nuevas e indescriptibles. Cuando finalmente la llenó por completo, un gemido ronco escapó de la garganta de Ethan, mientras cerraba los ojos al sentir cómo ella lo envolvía, cálida, húmeda, apretada, como si su cuerpo hubiera sido hecho para él. —Estás muy estrecha, mi amor —murmuró él, perdiendo el control poco a poco. —Es eso… o tu tamaño no se ajusta a mí —jadeó, mientras él empezaba a moverse más lento, dándole tiempo. Ethan sonrió con esa mezcla de ternura y dominación que la volvía loca. —Pues lo voy a ajustar a mi medida. A partir de hoy te haré el amor cada vez que p
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