El invierno de 2057 fue el más largo que Lena recordaba.Con Erik de vuelta en Upsala, la cabaña del bosque parecía más silenciosa, más vacía. Pero Lena no estaba sola. Los niños —el pequeño Erik, Lukas y Nils— la visitaban a menudo, y juntos exploraban los límites de sus dones.—¿Qué ves hoy? —preguntaba Lena al pequeño Erik, mientras paseaban por el bosque nevado.—Veo una puerta —respondía el niño, con sus cuatro años—. Pequeña. Detrás de las montañas.—¿Detrás de qué montañas?—Las del fiordo. Allí nos esperan.Lena guardaba cada palabra, cada visión, cada pista. Sabía que el momento se acercaba, aunque no supiera cuándo ni cómo.En enero, recibió una carta de Erik. Larga, detallada, llena de preguntas y reflexiones."Querida Lena:Aquí todo sigue igual. Estudio, leo, escribo. Pero siempre, en cada momento, pienso en vosotros. En el fiordo, en el árbol, en los niños.Elin me pregunta mucho por ti. Quiere conocerte. Dice que si eres la mitad de lo que cuento, debe ser increíble.Cu
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