El invierno de 2051 fue el más frío que nadie recordaba, pero también el más cálido en el corazón de la familia.Yuki se había instalado definitivamente en la cabaña del bosque. Su habitación, antes un pequeño cuarto de invitados, se había convertido en un refugio lleno de fotografías, recuerdos de Groenlandia y, sobre todo, la presencia invisible pero constante de Anika.—No la veo como Lena —confesaba a menudo—, pero la siento. En el viento, en el fuego, en el silencio.—Eso es porque te quiere —respondía Lena con esa naturalidad que desarmaba a todos—. Los que quieren de verdad nunca se van del todo.Erik, mientras tanto, había comenzado a escribir. No solo preguntas en su diario, sino historias. Las historias de todos ellos: del abuelo luz, de la abuela Lena, de Kael, de Alina, de Piotr, de todos los que habían formado parte del círculo.—Es para que no se olviden —explicó a su padre una tarde—. Para que cuando nosotros no estemos, otros puedan saber lo que pasó.—Es una buena ide
Leer más