El otoño de 2050 llegó con una belleza melancólica que parecía presagiar cambios profundos.
Las hojas de los abedoles se tiñeron de oro y cobre antes de caer, alfombrando el bosque con un manto crujiente que Erik y Lena recorrían cada tarde. Erik, con once años, se había convertido en un joven reflexivo, siempre con un cuaderno en la mano donde anotaba preguntas y observaciones. Lena, con tres años, era una niña vivaz que hablaba con sus amigos invisibles con la naturalidad de quien conversa co