Capítulo 122. El lugar que no se fuerza
Caminé sin mirar atrás.No porque no me importara, sino porque si lo hacía sabía que me quedaría ahí, detenido frente a un edificio que ya no me pertenecía.La ciudad seguía en marcha con una precisión casi ofensiva.Semáforos cambiando, gente entrando y saliendo de bares, repartidores esquivando peatones.Todo en su sitio, excepto yo.Había algo profundamente inquietante en descubrir que la preocupación no siempre da derecho a la presencia.Que querer estar no equivale a poder estar, que hay dolores que, por legítimos que sean, no te incluyen.Pensé en Ginevra como en alguien a quien había conocido de verdad solo en la superficie.En su control, en su manera de sostenerlo todo sin permitir fisuras visibles.Y entendí que, frente a una pérdida así, su primera reacción no sería buscar apoyo, sino cerrarse.Reducir el mundo a lo mínimo indispensable.Familia, decisiones, silencio.Y yo ya no estaba en ese núcleo.La certeza no fue cruel, fue clara.Me detuve en una esquina y respiré hon
Leer más