Sé que lo que estoy haciendo no está bien. Soy completamente consciente de ello… y aun así, en lo más profundo, algo insiste en que es lo único que se siente correcto. Mis pensamientos dan vueltas, pero mi cuerpo ya no obedece a la razón.Entre mis muslos, Julian me reclama con una intensidad que me desarma. Su devoción me hace temblar, su hambre me consume, y cada caricia me roba la voluntad de detenerlo. Quiero resistirme—sé que debería hacerlo—pero no puedo.La culpa late con fuerza en mi pecho, incluso cuando el placer asciende como un fuego que devora todo a su paso. Y en ese instante, en su boca que me adora como si yo misma fuera un sacrilegio, descubro la más exquisita forma de ser adorada.Mi respiración se quiebra, y él lo nota. Se detiene, apenas un latido, alzando la mirada para encontrarse con la mía.—Shhh… tranquila, cariño —susurra con esa voz profunda que me atraviesa—. Dulzura, no hay nada que temer.—Esto no está bien… —murmuro, apenas un suspiro tembloroso—. Theo p
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