La habitación estaba impregnada de un silencio denso. No era uno vacío, sino cargado de expectativas, de respiraciones contenidas, pensamientos que se acumulaban unos sobre otros sin encontrar salida. Las cortinas blancas dejaban pasar una luz suave que se filtraba como un susurro, acariciando los muebles, el espejo de marco dorado, la cama perfectamente tendida que nadie volvería a usar esa noche.Valentina permanecía sentada frente al tocador, inmóvil.Tenía la espalda recta, las manos apoyadas sobre su vientre y la mirada fija en su reflejo, pero no parecía verse a sí misma. Sus ojos estaban perdidos en algún punto interno, donde los miedos no necesitaban palabras para existir.El vestido ya estaba colocado, y el velo descansaba aún sobre la silla. Todo estaba listo… excepto ella.—No puedo —susurró finalmente, rompiendo el silencio.La voz salió quebrada, pequeña, casi avergonzada de existir, Vecka, que hasta ese momento estaba de pie detrás de ella, ajustando con cuidado u
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