Tres días después de la reunión con el consejo, la calma comenzó a parecer sospechosa.Demasiado silenciosa.Demasiado ordenada.Demasiado perfecta.Y en una manada como Luna de Plata, la perfección casi siempre significaba que alguien estaba preparando un golpe.Kael lo sabía.Lo sentía.Nairo también.El alfa observaba desde la terraza de la Casa del Alfa mientras el sol desaparecía detrás de las montañas. Desde allí podía ver gran parte del territorio central: los caminos iluminados por antorchas, los guerreros cambiando turnos de patrulla, las familias regresando a sus hogares.Todo parecía normal.Pero no lo era.Porque desde la Asamblea de Sangre, la manada había empezado a dividirse en silencio.No en dos bandos visibles.Todavía no.Pero las líneas comenzaban a dibujarse.Y Kael podía verlas.—Están esperando.Nairo apareció dentro de su mente.Más tranquilo que semanas atrás.Más peligroso también.—Lo sé.—Van a moverse pronto.Kael apoyó ambas manos sobre la baranda.La mad
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