El sol de Navidad despertó a Copenhague con una suavidad engañosa. Los rayos de luz, filtrados por la escarcha de los cristales, dibujaban patrones de oro sobre la cama de la suite principal. Nick fue el primero en abrir los ojos, disfrutando del peso del cuerpo de Isabella contra el suyo. No había alarmas, ni informes, ni amenazas inmediatas. Solo paz.Se levantaron sin prisa y compartieron una ducha larga, donde el agua caliente y el vapor envolvieron sus cuerpos. Entre caricias suaves y besos lentos, la intimidad de la noche anterior parecía prolongarse. Sin embargo, al salir, mientras se secaban, Nick observó un movimiento sutil. Isabella abrió su maletín de aseo personal, sacó un blíster y, con una naturalidad mecánica, extrajo una pastilla y la tomó.Nick reconoció el medicamento de inmediato: anticonceptivos.Un nudo se le formó en la garganta, pero no dijo nada. No era el momento de cuestionar, sino de entender. Se acercó a ella por detrás, la rodeó con sus brazos y besó su fr
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