—¡Es mi culpa! —gritó Braulio, su voz quebrada por el dolor, mientras caía de rodillas junto al cuerpo sin vida de su abuela.Aurora se apresuró a rodearlo con los brazos, sujetándolo con fuerza, intentando sostenerlo, aunque él parecía derrumbarse entre sus manos.—No digas eso —susurró con la voz temblorosa, acariciándole la espalda—. ¡No es tu culpa, Braulio!Pero él no la escuchaba. Su respiración era agitada, sus ojos rojos, llenos de una mezcla brutal de tristeza y desesperación. Miró a Samantha, que estaba unos pasos detrás, temblando, sin saber qué decir.El rostro de Braulio se transformó en pura furia.—¡Lárgate! —rugió—. ¡Lárgate antes de que te destruya!Samantha dio un paso hacia él, levantando la mano, como si quisiera tocarlo, como si de verdad pensara que podía consolarlo después de todo lo que había hecho. Pero su padre apareció a tiempo, sujetándola del brazo con firmeza.—Vámonos —ordenó, sin darle oportunidad de replicar.Samantha se dejó arrastrar, aun mirando hac
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