Los meses avanzaron con una mezcla de ilusión, miedo y un brillo de esperanza que, poco a poco, parecía llenar cada rincón de la vida de Aurora.Cuando finalmente llegó el día en que cumplía cinco meses de embarazo, ella despertó sintiendo mariposas en el estómago, esa dulce ansiedad que provoca saber que algo importante está por suceder.Esa mañana irían a la consulta más esperada, y no solo ella y Braulio estarían presentes: Mayte y Manuel insistieron en acompañarlos. Para ellos, aquel bebé era un milagro, un rayo de luz que llegaba a iluminar incluso las sombras más dolorosas de su pasado familiar.La sala de espera estaba tranquila, con ese olor a desinfectante y suavidad que parecía envolverlo todo. Braulio sostenía la mano de Aurora con fuerza, y aunque trataba de verse sereno, ella podía sentir cómo la vibración nerviosa en sus dedos lo traicionaba.Mayte daba pequeños pasos de un lado a otro, tratando de disimular los nervios.Manuel, en cambio, se mantenía sentado, mirando la
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