Braulio intentaba avanzar hacia su alcoba, pero cada paso era una batalla.Sus piernas zigzagueaban sin control, la visión se le empañaba como si hubiese neblina dentro de sus ojos, y un mareo persistente lo hacía tambalear.Aun así, la conciencia se negaba a abandonarlo del todo. No hacía ruido, o al menos eso creía él, pero cada respiración pesada lo delataba.Cuando estuvo cerca de su habitación, algo dentro de él cedió. Giró sobre sus talones, como si un impulso repentino lo hubiese empujado, y decidió ir en otra dirección.Se apoyó en las paredes mientras avanzaba por el pasillo, como si estas fueran la única barrera entre él y el suelo.La madera fría bajo sus dedos le ofreció un mínimo de estabilidad. Una risa suave, casi un suspiro ahogado, escapó de sus labios teñidos por el vino.Sus nudillos chocaron varias veces contra la puerta de la otra habitación, demasiado fuerte, demasiado insistente, rozando el escándalo.Cuando la puerta se abrió, él se quedó quieto.Frente a él, es
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