Braulio intentaba avanzar hacia su alcoba, pero cada paso era una batalla.
Sus piernas zigzagueaban sin control, la visión se le empañaba como si hubiese neblina dentro de sus ojos, y un mareo persistente lo hacía tambalear.
Aun así, la conciencia se negaba a abandonarlo del todo. No hacía ruido, o al menos eso creía él, pero cada respiración pesada lo delataba.
Cuando estuvo cerca de su habitación, algo dentro de él cedió. Giró sobre sus talones, como si un impulso repentino lo hubiese empujado