—¡Aurora! —la voz de Braulio retumbó como un trueno—. ¿Vas a llamar a esto un juego?
Ella sintió cómo el aire se le atascaba en los pulmones. La forma en que él la miraba… no era la mirada indiferente y fría que ella esperaba.
Había ira, sí, pero también una intensidad que la descolocó. Aurora tragó saliva y, casi sin darse cuenta, retrocedió un paso.
El corazón le latía con una fuerza dolorosa.
—Braulio… —susurró, intentando mantener la compostura—. Ya es hora de que asumas tu verdad.
Él frunci