Thiago miró hacia la puerta en cuanto esta se abrió. Byron entró custodiado por un oficial y llevaba las manos esposadas. Al verlo, la expresión del hombre pasó de la sorpresa al miedo.Thiago sintió una leve satisfacción al verlo asustado, pero no era suficiente para calmar su necesidad de venganza.—Gracias, puedes dejarnos a solas —dijo, dirigiéndose al oficial, en cuanto aseguró las esposas de Byron a la mesa.—No puedes dejarme a solas con él —habló Byron, casi alzando la voz, pero el oficial ya caminaba hacia la puerta.Thiago observó a Byron en silencio durante un largo momento, dejando que el miedo siguiera creciendo en él.—Pudiste tomar el dinero que te di y desaparecer de nuestras vidas, pero, en lugar de eso, decidiste que querías más.—Jódete.Thiago esbozó una sonrisa carente de humor.—No soy un hombre que se tome una agresión como la tuya a la ligera. Tienes suerte de que la policía llegara antes que yo. Estaba realmente molesto por no haber podido ponerte las manos en
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