Zak empezó a correr hacia la casa en cuanto lo puso en el suelo, ansioso por llegar con sus abuelos.—Ten cuidado, hijo —dijo—. Puedes vigilarlo —le pidió a la guardaespaldas de su esposa, que ya lo estaba tomando de la mano.Byron había sido condenado hacía algunas semanas y el peligro para Maya y Zak había desaparecido, pero prefería no correr ningún riesgo. Si algo le pasaba a su familia, estaba seguro de que perdería la cabeza.—Descuide, señor —respondió Jade, llevándose al pequeño, que no dejaba de tirar de su mano, impaciente por entrar a la casa.Thiago rodeó el auto para reunirse con su esposa.—Gracias —dijo Maya, mirando al conductor que le sostenía la puerta.—Con cuidado, hermosa —dijo él, colocando una mano en su espalda baja.Maya rodó los ojos.—No quiero imaginar cómo te pondrás dentro de unos meses.Aunque sonaba algo irritada, había un brillo de diversión en sus ojos.—Estás llevando a nuestro hijo. Tengo que cuidarte más que nunca. No puedo dejar que nada te pase n
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