Maya abrió la puerta de la terraza y una corriente de aire frío le acarició el rostro. La sensación le arrancó una sonrisa.
Frente a ella se extendía un bosque cubierto por una fina capa de nieve que apenas se distinguía ahora que la noche había llegado. Sin embargo, por la mañana había parecido un inmenso manto blanco, como si alguien hubiera extendido una sábana sobre los árboles y el suelo.
Thiago los había llevado a una cabaña en medio del bosque y lejos de todo. El vecino más cercano estab