Cap. 213: Un amor inesperado.
CAP. 30La villa era pequeña y de una sola planta, construida con piedra clara y grandes ventanales que dejaban entrar la luz de la mañana. Para Fabiola, que no despegaba las manos de su pecho, aquello era un palacio, pero Teo la había elegido precisamente por su sencillez: era el tipo de lugar que pasaba desapercibido, una casa de campo bonita pero discreta para no despertar sospechas.—Señor Solís, usted debe descansar ya —dijo Teo con un tono que no admitía réplicas, pero que carecía de su habitual frialdad ejecutiva.—Sí, papá, él tiene razón —añadió Vera acercándose—. Yo te ayudo.Vera se quedó paralizada cuando vio que Teo, el hombre que evitaba los apretones de manos y que parecía vivir en una burbuja aséptica, se adelantaba. Sin una pizca de duda, Teo pasó el brazo del hombre sobre sus propios hombros, sosteniéndolo con firmeza. Vera lo miró de reojo, buscando algún gesto de asco o incomodidad en su rostro, pero solo encontró concentración.Lo instalaron en una habitación ampl
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