—Tania, ¿qué te pasa en realidad? —preguntó Silvina con preocupación—. ¿Ocurrió algo?Tania bajó la cabeza y, tras un largo silencio, respondió:—Silvina, ¿acaso hice algo mal?Silvina dejó a un lado la pierna de cordero, tomó una toallita húmeda de manos de su asistente, se limpió los dedos y entonces preguntó:—Cuéntame.—La verdad es que me molesta mucho el jefe —confesó Tania—. Siempre está a mi lado, regañándome, diciéndome lo que puedo y lo que no puedo hacer, metiéndose en mis citas, controlando cada cosa. En teoría debería fastidiarme, ¿no? Debería desear que tuviera novia para que se alejara de mí, ¿verdad? Pero… ¿por qué, cuando lo vi con otra mujer en sus brazos, sentí tanto dolor aquí dentro? —la miró con desconcierto—. ¿Seré demasiado egoísta?Silvina se sorprendió. El amor siempre es egoísta, pensó.—Hace un momento —continuó Tania—, vi a Santiago abrazando a una mujer desnuda. Eran tan íntimos… Y lo peor es que en su caravana… antes solo iba yo, y ahora hay otra mujer.
Leer más