El rostro de Silvina se había tornado cada vez más sombrío.Si no fuera por el respeto que sentía hacia el Señor Martínez y la Señora Martínez, ya habría dado media vuelta para marcharse.—¿Todavía no vas a pedírmelo, Silvina? —preguntó Leonel, con una sonrisa cargada de ironía.Él la observaba, enfurecida hasta el extremo, y aunque le dolía verla así, entendía que aquel momento era una oportunidad única:una ocasión perfecta para que su esposa por fin confiara en él.Y no pensaba desaprovecharla.Silvina miró con rabia a Clarisa y a su familia, sin pronunciar palabra, apretando los labios con tanta fuerza que casi sangraban.Leonel, con una media sonrisa, se inclinó hasta su oído:—En realidad, Clarisa no se equivoca. Después de este escándalo, no puede seguir registrada bajo el nombre del Señor Martínez.Lo que significa que, si ella queda apartada, tú te convertirás en la verdadera señorita de la Familia Martínez, la única heredera.Su voz descendió aún más, como una promesa oscura
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