El corazón de Silvina se estremeció; una ternura suave la envolvió mientras rodeaba la cintura de Leonel con sus brazos.
Apoyó la cabeza contra su pecho, disfrutando de la sensación de protección.
Esa sensación era maravillosa.
Leonel, sin embargo, no se permitió perderse en aquel instante íntimo. Un pensamiento cruzó su mente y preguntó con seriedad:
—Silvina, ¿de verdad no sabes quiénes son tus padres biológicos?
Ella negó con desconcierto:
—No, nunca lo he sabido… y tampoco me he preocupado