—Tania, ¿qué te pasa en realidad? —preguntó Silvina con preocupación—. ¿Ocurrió algo?
Tania bajó la cabeza y, tras un largo silencio, respondió:
—Silvina, ¿acaso hice algo mal?
Silvina dejó a un lado la pierna de cordero, tomó una toallita húmeda de manos de su asistente, se limpió los dedos y entonces preguntó:
—Cuéntame.
—La verdad es que me molesta mucho el jefe —confesó Tania—. Siempre está a mi lado, regañándome, diciéndome lo que puedo y lo que no puedo hacer, metiéndose en mis citas, con